El combustible entra ilegalmente al país principalmente de refinerías cercanas a Houston, Texas, y la frontera con México. Los contrabandistas utilizan rutas terrestres por Matamoros, Nuevo Laredo y Ciudad Juárez.
Se utilizan permisos temporales de importación que permiten introducir supuestamente materias primas que serían procesadas en México para luego ser exportadas. Sin embargo, estos combustibles se quedan en el país.
Los combustibles se venden sin pagar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) ni el IVA, generando enormes márgenes de ganancia para quienes operan el esquema.